Un artículo reciente en techtimes.com cuestionaba mi designación como ponente principal (Lead Rapporteur) de la Cloud and AI Development Act (CADA), señalando que entré en política hace apenas dos años.
Es un debate legítimo. Y merece la pena tenerlo.
Antes de llegar al Parlamento Europeo, pasé más de 20 años trabajando en el sector tecnológico, gestionando infraestructuras de TI, liderando equipos internacionales y viviendo en primera persona los retos de la innovación, la inversión y la competitividad.
Durante años, las empresas europeas se han quejado de que las normativas se redactan en Bruselas completamente desconectadas de la realidad empresarial e industrial.
Por tanto, ¿no deberíamos celebrar que más personas con experiencia real en la industria participen en el proceso legislativo?
Por supuesto, la experiencia profesional por sí sola no convierte a nadie en un buen legislador. Pero los años acumulados en política tampoco deberían ser la única medida de la competencia.
Desde 2024, he trabajado intensamente en políticas industriales, tecnológicas, energéticas y de ciberseguridad. Que se me haya confiado el CADA es una responsabilidad que pienso respaldar con trabajo riguroso, diálogo y resultados.
Y quiero dejar algo muy claro:
El CADA no lo va a redactar una sola persona sentada en un despacho en Bruselas.
Debe construirse escuchando a empresas, startups, investigadores, inversores, a la sociedad civil y a colegas de todo el arco parlamentario.
Eso es exactamente lo que estoy haciendo.
Mi ambición es clara: Europa debe pasar de limitarse a regular la tecnología a construir capacidad tecnológica real.
Más inversión. Más infraestructuras de computación. Energía más competitiva. Más oportunidades para que las empresas europeas escalen a nivel global.
Y soberanía tecnológica sin aislamiento tecnológico.
No creo que el éxito de un ponente deba medirse por los años que lleva en política, sino por la calidad y utilidad de la legislación que ayuda a sacar adelante.
Ese es el listón por el que quiero que se me juzgue.
Europa necesita cerrar la brecha entre quienes escriben las reglas y quienes tienen que hacer que funcionen sobre el terreno.
¿Qué opinas? ¿Debería la experiencia en la industria tener un mayor peso a la hora de diseñar la legislación europea?
Es un debate legítimo. Y merece la pena tenerlo.
Antes de llegar al Parlamento Europeo, pasé más de 20 años trabajando en el sector tecnológico, gestionando infraestructuras de TI, liderando equipos internacionales y viviendo en primera persona los retos de la innovación, la inversión y la competitividad.
Durante años, las empresas europeas se han quejado de que las normativas se redactan en Bruselas completamente desconectadas de la realidad empresarial e industrial.
Por tanto, ¿no deberíamos celebrar que más personas con experiencia real en la industria participen en el proceso legislativo?
Por supuesto, la experiencia profesional por sí sola no convierte a nadie en un buen legislador. Pero los años acumulados en política tampoco deberían ser la única medida de la competencia.
Desde 2024, he trabajado intensamente en políticas industriales, tecnológicas, energéticas y de ciberseguridad. Que se me haya confiado el CADA es una responsabilidad que pienso respaldar con trabajo riguroso, diálogo y resultados.
Y quiero dejar algo muy claro:
El CADA no lo va a redactar una sola persona sentada en un despacho en Bruselas.
Debe construirse escuchando a empresas, startups, investigadores, inversores, a la sociedad civil y a colegas de todo el arco parlamentario.
Eso es exactamente lo que estoy haciendo.
Mi ambición es clara: Europa debe pasar de limitarse a regular la tecnología a construir capacidad tecnológica real.
Más inversión. Más infraestructuras de computación. Energía más competitiva. Más oportunidades para que las empresas europeas escalen a nivel global.
Y soberanía tecnológica sin aislamiento tecnológico.
No creo que el éxito de un ponente deba medirse por los años que lleva en política, sino por la calidad y utilidad de la legislación que ayuda a sacar adelante.
Ese es el listón por el que quiero que se me juzgue.
Europa necesita cerrar la brecha entre quienes escriben las reglas y quienes tienen que hacer que funcionen sobre el terreno.
¿Qué opinas? ¿Debería la experiencia en la industria tener un mayor peso a la hora de diseñar la legislación europea?



