Europa debe construir, no solo regular: mi intervención en el debate del EIF sobre infraestructura e IA
Diego Solier13 de octubre de 2026
Hoy he tenido el privilegio de co-presidir, junto a mi colega eurodiputado Brando Benifei, un almuerzo-debate organizado por el European Internet Forum (EIF) en el Parlamento Europeo bajo el título "Building the Backbone of the AI Economy: Scaling Europe's High-Performance Infrastructure".
Brando ha desempeñado un papel muy relevante en la configuración del enfoque europeo hacia la inteligencia artificial. Y hoy hemos tenido la oportunidad de abordar algo igualmente decisivo: la infraestructura que hará posibles las ambiciones europeas en IA.
Porque podemos tener las mejores estrategias. Podemos tener legislación ambiciosa. Podemos invertir en investigación e innovación. Pero sin la infraestructura adecuada, nada de esto será suficiente.
De la ambición a la ejecución
Durante muchos años, Europa ha sido muy buena debatiendo sobre transformación digital. Hemos desarrollado estrategias, marcos regulatorios y normativas. Y muchos de ellos son necesarios.
Pero hoy, la competición global en inteligencia artificial avanza a una velocidad enorme. Estados Unidos invierte de forma masiva en infraestructura de computación. China expande también sus capacidades tecnológicas. Y Europa no puede permitirse quedarse atrás.
No podemos regularnos hasta el liderazgo tecnológico. También tenemos que construirlo.
Necesitamos más capacidad de computación. Más centros de datos. Mejor conectividad. Y acceso fiable a la energía. Porque la economía de la IA no existe solo en el software: depende de infraestructura física — edificios, electricidad, redes, chips y potencia de cálculo.
Sin infraestructura, la inteligencia artificial sigue siendo una ambición, no una realidad económica.
CADA: convertir la ambición en capacidad real
Como ponente del Cloud and AI Development Act (CADA), considero esta legislación una oportunidad para ayudar a Europa a pasar de la ambición a la ejecución.
Para mí, el CADA no debe convertirse en otro ejercicio de creación de burocracia innecesaria. Debe ayudar a eliminar barreras. Debe acelerar la inversión. Y debe generar las condiciones para que Europa desarrolle la infraestructura que necesita.
Debemos plantearnos preguntas muy prácticas: ¿cómo facilitar la construcción de centros de datos en Europa? ¿Cómo reducir los plazos de permisos? ¿Cómo mejorar el acceso a la electricidad? ¿Cómo atraer más inversión privada? ¿Y cómo asegurar que las empresas europeas puedan acceder a la capacidad de computación que necesitan?
Un procedimiento acelerado que solo existe en el papel no es un procedimiento acelerado. Si queremos un despliegue más rápido, necesitamos procedimientos que funcionen en la práctica. Necesitamos coordinación entre autoridades europeas, nacionales y locales. Y necesitamos previsibilidad para los inversores. Porque ninguna empresa invertirá miles de millones en infraestructura si no puede prever cuándo su proyecto será operativo.
No hay estrategia de IA sin estrategia energética
Quiero insistir en un punto que considero especialmente relevante: la energía.
La inteligencia artificial exige una capacidad de computación enorme. Y la computación exige electricidad. Es una realidad que no podemos ignorar.
Podemos anunciar nuevas factorías de IA. Podemos promover nuevos centros de datos. Podemos fijar objetivos ambiciosos. Pero si la electricidad no está disponible, esos proyectos no se materializarán.
No podemos tener una estrategia de IA sin una estrategia energética.
Europa necesita conectar sus ambiciones digitales con su infraestructura energética: mejorar las conexiones a la red, reducir retrasos innecesarios, invertir en redes eléctricas y garantizar el acceso a energía fiable y competitiva.
La sostenibilidad es esencial. Pero debemos abordarla desde la innovación y el progreso tecnológico: sistemas de refrigeración más eficientes, mejor gestión energética, recuperación del calor residual y tecnologías que reduzcan el impacto ambiental de la computación.
Necesitamos objetivos medioambientales ambiciosos, pero también flexibilidad y neutralidad tecnológica.
Soberanía digital: elección, no aislamiento
Otro eje central del debate ha sido la soberanía tecnológica europea. Es una expresión que escuchamos constantemente, pero creo que debemos ser claros sobre lo que significa.
Para mí, soberanía tecnológica no significa cerrar el mercado europeo. No significa excluir a empresas internacionales simplemente porque no son europeas. Y no significa que cada servicio digital deba ser prestado por una empresa europea.
Soberanía es elección, control y resiliencia. Significa que las empresas y administraciones públicas europeas tengan alternativas reales. Significa evitar dependencias excesivas. Significa capacidad de proteger datos y servicios críticos. Y significa poder actuar cuando nuestros intereses estratégicos estén en riesgo.
Necesitamos campeones europeos. Pero también necesitamos inversión internacional, competencia y cooperación con socios de confianza. El objetivo no debe ser aislar a Europa, sino hacerla más fuerte y más competitiva.
Diego Solier, Reinier van Lanschot (co-ponente IMCO del CADA) y Vicente Domecq en el debate del European Internet Forum
Resiliencia: la dimensión que no podemos ignorar
Hay una cuestión que merece más atención: la resiliencia. Informes recientes sobre ataques que han afectado a infraestructuras de centros de datos nos recuerdan que la infraestructura digital puede estar expuesta a amenazas físicas.
No creo que la solución sea simplemente construir centros de datos más pequeños. Europa necesita instalaciones de gran escala para desarrollar inteligencia artificial avanzada. Pero también necesitamos distribución geográfica, conectividad segura, suministros energéticos fiables y capacidad de respaldo.
El objetivo no deben ser centros de datos más pequeños, sino menos puntos únicos de fallo.
Necesitamos más capacidad de computación, pero también necesitamos que esa capacidad sea resiliente. Porque la soberanía digital no es solo dónde está nuestra infraestructura, sino si nuestros servicios esenciales siguen funcionando cuando algo falla.
De la inversión pública a la inversión privada
Europa no puede construir la infraestructura de la economía de la IA solo con fondos públicos. Los programas europeos pueden desempeñar un papel importante: apoyar la investigación, reducir riesgos de inversión y desarrollar proyectos estratégicos. Pero la escala de inversión necesaria es enorme y la mayor parte debe venir del sector privado.
Nuestra responsabilidad como legisladores es crear las condiciones adecuadas: reglas claras, procedimientos más rápidos, acceso a la energía, seguridad jurídica y un entorno de inversión atractivo.
El dinero público debe servir para desbloquear inversión privada, no para sustituirla.
También debemos asegurar que la innovación se convierta en éxito comercial. Europa tiene excelentes investigadores, universidades punteras y startups innovadoras. Pero con demasiada frecuencia, las empresas europeas luchan por escalar: desarrollan tecnología aquí y luego crecen en otro sitio. Necesitamos cambiar esa dinámica. Y el acceso a infraestructura de computación es parte de la solución.
Tres mensajes para Europa
Cierro con las tres ideas clave que he trasladado a los ponentes y asistentes al debate:
Primero: Europa necesita construir. Más capacidad de computación, más centros de datos, mejor infraestructura digital.
Segundo: Europa necesita eliminar barreras. Los permisos, el acceso a la energía y las condiciones de inversión deben ser parte de la solución, no del problema.
Y tercero: Europa necesita construir para el futuro. Nuestra infraestructura debe ser competitiva, sostenible y resiliente.
Como ponente del CADA, mi objetivo es contribuir a un marco que haga posibles estas ambiciones. No mediante restricciones innecesarias, sino mediante soluciones prácticas.
Por eso me ha resultado especialmente valioso contar hoy con representantes de la Comisión Europea y de la industria: Kilian Gross (DG CNECT), Carmen Lembo (Qualcomm), Sophie Thibault (Lenovo) y el Dr. Jakob Greiner (Deutsche Telekom).
Necesitamos este diálogo. Porque una buena legislación no puede redactarse sin comprender la realidad de quienes construyen, invierten y operan nuestra infraestructura digital.
Europa no puede regularse hasta la soberanía tecnológica. Tiene que construirla.