El pasado 15 de septiembre impulsé en el Parlamento Europeo, junto al Intergrupo de Inmigración del Grupo ECR, la jornada «La realidad de Ceuta: lo que dicen quienes están en la primera línea».
Lo hice por una razón sencilla: en Bruselas se habla con frecuencia de cifras, estadísticas, procedimientos y declaraciones institucionales. Pero demasiado pocas veces se escucha directamente a quienes viven las consecuencias de una crisis en sus calles, en sus hogares, en sus colegios, en sus comercios y en sus servicios públicos.
Ceuta es España. Ceuta es Europa. Y su frontera es una frontera exterior de la Unión Europea.
Sin embargo, tras la oleada migratoria de finales de julio, demasiados ceutíes han tenido la sensación de que su ciudad debía afrontar sola una situación que desbordó sus capacidades. Esa es una realidad que Europa tiene la obligación de escuchar y, sobre todo, de abordar.
Llevar la voz de Ceuta al Parlamento Europeo
Por eso quise contar con Rubén Pulido, analista especializado en inmigración que ha trabajado sobre el terreno en Ceuta durante las últimas semanas, y con Antonio Gómez, periodista ceutí y director de Ceuta Ahora.
Rubén trasladó a los asistentes su análisis y el material audiovisual recopilado durante sus visitas. En su intervención alertó sobre la existencia de asentamientos, la presión sobre las fuerzas de seguridad, el deterioro de la convivencia en determinadas zonas y las dificultades que afrontan los vecinos. También defendió que España debe aplicar de manera efectiva los instrumentos previstos en su legislación de extranjería para identificar a las personas que acceden irregularmente al territorio nacional y gestionar cada caso conforme a derecho.
Sus afirmaciones describen una realidad que merece ser examinada con rigor por las instituciones nacionales y europeas. Precisamente ese era el sentido de esta jornada: no sustituir el trabajo institucional por opiniones, sino poner sobre la mesa testimonios, preguntas y evidencias que no pueden ser ignoradas.
Antonio Gómez aportó una perspectiva especialmente necesaria: la de alguien que ha vivido y contado estos hechos desde dentro. Su intervención puso palabras a un sentimiento que muchos ceutíes comparten: la soledad. Habló de familias preocupadas, de servicios públicos sometidos a una presión extraordinaria, de comerciantes afectados y de una ciudad que intenta recuperar la normalidad sin sentirse plenamente protegida.
Su mensaje fue claro: Ceuta no pide privilegios; pide protección.
La frontera no puede ser un problema bilateral
Durante demasiados años se ha tratado la cuestión de Ceuta como un asunto estrictamente bilateral entre España y Marruecos. Esa visión es insuficiente.
Cuando se desborda una frontera española, se desborda también una frontera europea. Cuando una ciudad europea afronta una presión migratoria extraordinaria, la respuesta no puede limitarse a pedirle que resista con sus propios medios. La solidaridad europea no consiste en distribuir las consecuencias de políticas fallidas: consiste en prevenirlas, proteger la frontera exterior, reforzar los medios disponibles y garantizar que las normas se cumplan.
Defiendo una inmigración legal, ordenada y compatible con la seguridad de nuestros Estados miembros. Son principios que no se contradicen. Europa debe ser capaz de ofrecer protección a quien realmente la necesita, pero también de saber quién entra en su territorio, por qué vía lo hace y qué marco legal corresponde aplicar en cada situación.
No podemos aceptar que la entrada irregular se convierta en una vía tolerada hacia la permanencia. Tampoco podemos permitir que las ciudades fronterizas paguen, en forma de inseguridad, sobrecarga de servicios o pérdida de normalidad, las consecuencias de una falta de respuesta política.
España debe reforzar su posición y Europa debe implicarse
La situación de Ceuta obliga también a revisar el enfoque de nuestra relación con Marruecos. Europa puede y debe cooperar con sus vecinos, pero esa cooperación tiene que ser equilibrada, fiable y basada en compromisos verificables.
No es razonable que el control de una frontera europea dependa de manera exclusiva de la voluntad de un tercer país. La Unión Europea necesita capacidad propia, herramientas eficaces y una estrategia diplomática que deje claro que la presión migratoria no puede utilizarse como instrumento de influencia política.
La respuesta debe incluir más medios para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, una coordinación más eficaz entre administraciones, procedimientos ágiles de identificación y retorno cuando proceda, y una implicación real de las instituciones europeas.
No basta con escuchar: hay que actuar
La jornada celebrada en Estrasburgo no pretendía cerrar un debate, sino abrir una responsabilidad. Escuchamos a quienes han estado en primera línea y trasladamos su testimonio al Parlamento Europeo. Ahora corresponde convertir esa escucha en decisiones.
Mi compromiso es claro: seguiré trabajando para que Ceuta no sea tratada como una excepción lejana ni como un problema que pueda aparcarse hasta la próxima crisis.
Porque Ceuta es España. Porque Ceuta es Europa. Y porque, si su frontera es europea, la respuesta también debe serlo.
Lo hice por una razón sencilla: en Bruselas se habla con frecuencia de cifras, estadísticas, procedimientos y declaraciones institucionales. Pero demasiado pocas veces se escucha directamente a quienes viven las consecuencias de una crisis en sus calles, en sus hogares, en sus colegios, en sus comercios y en sus servicios públicos.
Ceuta es España. Ceuta es Europa. Y su frontera es una frontera exterior de la Unión Europea.
Sin embargo, tras la oleada migratoria de finales de julio, demasiados ceutíes han tenido la sensación de que su ciudad debía afrontar sola una situación que desbordó sus capacidades. Esa es una realidad que Europa tiene la obligación de escuchar y, sobre todo, de abordar.
Llevar la voz de Ceuta al Parlamento Europeo
Por eso quise contar con Rubén Pulido, analista especializado en inmigración que ha trabajado sobre el terreno en Ceuta durante las últimas semanas, y con Antonio Gómez, periodista ceutí y director de Ceuta Ahora.
Rubén trasladó a los asistentes su análisis y el material audiovisual recopilado durante sus visitas. En su intervención alertó sobre la existencia de asentamientos, la presión sobre las fuerzas de seguridad, el deterioro de la convivencia en determinadas zonas y las dificultades que afrontan los vecinos. También defendió que España debe aplicar de manera efectiva los instrumentos previstos en su legislación de extranjería para identificar a las personas que acceden irregularmente al territorio nacional y gestionar cada caso conforme a derecho.
Sus afirmaciones describen una realidad que merece ser examinada con rigor por las instituciones nacionales y europeas. Precisamente ese era el sentido de esta jornada: no sustituir el trabajo institucional por opiniones, sino poner sobre la mesa testimonios, preguntas y evidencias que no pueden ser ignoradas.
Antonio Gómez aportó una perspectiva especialmente necesaria: la de alguien que ha vivido y contado estos hechos desde dentro. Su intervención puso palabras a un sentimiento que muchos ceutíes comparten: la soledad. Habló de familias preocupadas, de servicios públicos sometidos a una presión extraordinaria, de comerciantes afectados y de una ciudad que intenta recuperar la normalidad sin sentirse plenamente protegida.
Su mensaje fue claro: Ceuta no pide privilegios; pide protección.
La frontera no puede ser un problema bilateral
Durante demasiados años se ha tratado la cuestión de Ceuta como un asunto estrictamente bilateral entre España y Marruecos. Esa visión es insuficiente.
Cuando se desborda una frontera española, se desborda también una frontera europea. Cuando una ciudad europea afronta una presión migratoria extraordinaria, la respuesta no puede limitarse a pedirle que resista con sus propios medios. La solidaridad europea no consiste en distribuir las consecuencias de políticas fallidas: consiste en prevenirlas, proteger la frontera exterior, reforzar los medios disponibles y garantizar que las normas se cumplan.
Defiendo una inmigración legal, ordenada y compatible con la seguridad de nuestros Estados miembros. Son principios que no se contradicen. Europa debe ser capaz de ofrecer protección a quien realmente la necesita, pero también de saber quién entra en su territorio, por qué vía lo hace y qué marco legal corresponde aplicar en cada situación.
No podemos aceptar que la entrada irregular se convierta en una vía tolerada hacia la permanencia. Tampoco podemos permitir que las ciudades fronterizas paguen, en forma de inseguridad, sobrecarga de servicios o pérdida de normalidad, las consecuencias de una falta de respuesta política.
España debe reforzar su posición y Europa debe implicarse
La situación de Ceuta obliga también a revisar el enfoque de nuestra relación con Marruecos. Europa puede y debe cooperar con sus vecinos, pero esa cooperación tiene que ser equilibrada, fiable y basada en compromisos verificables.
No es razonable que el control de una frontera europea dependa de manera exclusiva de la voluntad de un tercer país. La Unión Europea necesita capacidad propia, herramientas eficaces y una estrategia diplomática que deje claro que la presión migratoria no puede utilizarse como instrumento de influencia política.
La respuesta debe incluir más medios para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, una coordinación más eficaz entre administraciones, procedimientos ágiles de identificación y retorno cuando proceda, y una implicación real de las instituciones europeas.
No basta con escuchar: hay que actuar
La jornada celebrada en Estrasburgo no pretendía cerrar un debate, sino abrir una responsabilidad. Escuchamos a quienes han estado en primera línea y trasladamos su testimonio al Parlamento Europeo. Ahora corresponde convertir esa escucha en decisiones.
Mi compromiso es claro: seguiré trabajando para que Ceuta no sea tratada como una excepción lejana ni como un problema que pueda aparcarse hasta la próxima crisis.
Porque Ceuta es España. Porque Ceuta es Europa. Y porque, si su frontera es europea, la respuesta también debe serlo.



